Carta 01: La Mente

En una ocasión estaba buscando platos en una tienda de decoración. Mientras buscaba, estaba lanzando una propuesta, a través de mensajes, a los miembros de una empresa. Envié mi propuesta, y no me respondieron inmediatamente, como había sido la costumbre. Pasaban los minutos y no me respondían.
¿Será que fue terrible idea? ¿Tan mala fue?
Todavía no recibía respuesta. Me sentí ignorada. Y el sentimiento que tuve fue de vulnerabilidad y soledad. De impotencia y posteriormente, inferioridad.
¿Será que están hablando de mí? ¿Será que están discutiendo cómo decirme que mi idea es terrible?
En este punto, comencé a planear cómo enmendar mi pena. ¿Mando otro mensaje?
Sentía la tensión en mis hombros, un peso en mi pecho y un cambio en mi respiración. Comencé a pensar inconscientemente. No recuerdo qué pensaba pero iba a mil por hora. Me desconecté de la realidad y me mudé a un nido que creé en mis pensamientos. Más preguntas surgieron cuando seguía caminando por la tienda y me golpeé. No hay otra palabra más que “bombazo”. Me di un bombazo en el filo de la esquina de un mueble. Quería gritar o llorar pero mejor me reí. Un shock de realidad.
¿Qué andaba buscando?
Ah, platos. Platos.
El cerebro es uno de los órganos más complejos y sofisticados del cuerpo humano. El cerebro es la casa de tu mente. La mente es la anfitriona de tus pensamientos. Y cada pensamiento que tenés es real. Es masa, y la masa tiene forma y peso.
Aunque no lo podás ver, hay electricidad entre neuronas, y hay masas tangibles y microscópicas que se forman cada vez que tenés un pensamiento. Hay pensamientos cuyo fin es el bien. Y hay pensamientos cuyo fin es la destrucción. Cualquiera que sean los que estás produciendo en tu mente, van a ser los que vivan en tu “casa”, tu cerebro.
Hubo una línea de pensamiento y podemos llegar a por qué me sentí tan mal pero el sentimiento fue irracional. Y está directamente vinculado con el ambiente que mis pensamientos crearon. Porque el cerebro también es “el jefe” del cuerpo, indica a cada órgano qué hacer y cómo hacerlo. Si en tu cerebro (la casa de tu mente) estás mal, el resto del cuerpo va a estar mal.
Una mente sin disciplina va a llegar a extremos inesperados, como fue mi caso. De lo contrario, el sentimiento y la reacción hubiesen sido diferentes. Pero como el ambiente que creé fue hostil, así me sentí.
En retrospectiva, creo que pude haber tenido confianza. Confianza.
Pero esa es una palabra aterradora. ¿Por qué confiar en lo mejor, si es posible que resulte en lo contrario y sienta vergüenza?
Pude haber confiando en que no todas mis hipótesis son ciertas. Pude haber confiando en que si mi idea era fatal, habría aprendido, y habría hecho de mí, una mejor persona.
Pero no confié.
Esta no ha sido la primera vez que mis pensamientos me agobian y desde entonces, he aprendido que una mente sin disciplina se convierte destructiva. Inventa demasiadas posibilidades y duda de la verdad. Pero una mente que sabe pensar, va a tener un buen sentido de la vida.
He aprendido que el día que sentís que todo está de lo peor, es el día que no estás pensando bien. Porque lo que pensás es un indicador de la vida que llevás. Y los pensamientos son una excelente herramienta pero pueden ser malos líderes. Saná el pasado y no dejés que visite tus pensamientos nuevamente. Y si no te gusta la vida que vivís, primero cambiá cómo pensás.
He aprendido que la comparación roba el gozo y aunque la situación sea dura, el sufrimiento es opcional. No todo se resuelve en un día. Y hoy es un resultado de ayer.
¿Querés que mañana sea bueno? Hacé que hoy sea un buen día. Para ello, negate a dejar tu paz. Tenés el control de decidir por una vida pacífica y saludable. Si no lo tomás, tu mente indisciplinada, el mundo y la sociedad lo harán por vos.
Entonces, ¿en qué pensar? En todo lo que es verdadero, honesto, justo, puro, amable, virtuoso, en aquello digno de admirar.
¿Por qué? Porque van a haber días terribles. Nos van a fallar. Nos vamos a equivocar. Pero también es un hecho que todavía no hemos vivido algunos de nuestros mejores días. Y sólo con una mente sana que ha decidido confiar, podremos disfrutarlos.


